Conocí a Marieta un día como cualquiera, siempre es un día cualquiera cuando no se es nadie, esa es la ventaja de serlo, es decir de no ser nadie. Hubo dos cosas que me llamaron la atención de ella, sus ojo sescurridizos a pesar de su gran tamaño, y sus manos finas pero inminentemente incansables.
Como suele sucederme, Marieta me observó de manera molesta al dirigirme a ella, no hay problema estoy acostumbrado, le dije con mi desdeñosa mirada, y no me rendí, hable de cosas estúpidas, mordiendome las palabras al selir, retorciéndolas, haciendo retruecanos verbales que ella recibia con una excelente molestía. Eso fue en el colectivo, hubiera deseado alargar el viaje con ella hasta el metro subterráneo, pero supongo que mi monólogo anterior le dio suficiente tiempo de planear una huída afectiva y veloz, por que en realidad no recuerdo cómo fue que se alejó.
Se alejó y no, por que iniciabamos un largo curso en que invariablemente nos veríamos dos veces por semana, si es que alguno no podía evitarlo, y así fue, después de ríspidos encuentros, silencios y más cosas hermosas, hoy Marieta y yo somos amigos. Por eso señalo que las cosas que empiezan mal no siempre salen mal aunque invariablemente terminarán mal, pero en cuanto a proceso intermedio me parece justo disfrutar de ella. Debo confesar que Marieta me gusta, pero no puedo pensar en la idea de que ella sepa esto, sus amores parecen ser tan complicados que quizá mi presencia neutralizaría su rareza, quitándole a Marieta eso que la hace única, por eso callaré, al menos lo más que pueda.
jueves, 10 de septiembre de 2009
domingo, 22 de marzo de 2009
Solo nuevamente, cuando más te sientes encumbrado y poderoso, lleno, la soledad te golpea inclemente, te demuestra los frágil que eres devolviéndote de un solo golpe al lugar inicial, al mismo miedo infundado, al reconocimiento del yo, simplemente yo que no he volado, que mentengo los pies bajo tierra, sin esperanza de alcanzar te.
viernes, 7 de noviembre de 2008
Prohibido sueño
Cuando desperté comencé a recordar las visiones: dos pequeños cuerpos desnudos que en fotografía viejas, habían salido de la red, de las teclas, de la nada, era un rostro familiar, o diria un par de rostros familiares, iguales para decir verdad, idénticos y hermosos llenos de juventud y de inocencia.
lunes, 19 de mayo de 2008
jueves, 14 de junio de 2007
Canciones que cantaba mi abuelo
Canciones del abuelo Fernando
Tus enaguas en un clavo
todavía ahí están colgadas
pues como están tan chorreadas
no las puedes ni empeñar
y las ratas se pasean
por el bracero apagado
como nadie ya ha guisado
ya no tiene mi calor.
Era en el año 14 antes del 54
cuando los trenes corrían entre Puebla y Apizaco.
El tren que corría por el ancha vía
de pronto se fue a estrellar contra un aeroplano
que andaba en el llano volando sin descansar.
Quedo el maquinista con las tripas fuera
mirando pal aviador que ya sin cabeza
buscaba el sombrero para librarse del sol.
Todo esto nos sucedía sin saber como ni cuando
y la maquina seguía pita y pita y caminando.
Tus enaguas en un clavo
todavía ahí están colgadas
pues como están tan chorreadas
no las puedes ni empeñar
y las ratas se pasean
por el bracero apagado
como nadie ya ha guisado
ya no tiene mi calor.
Era en el año 14 antes del 54
cuando los trenes corrían entre Puebla y Apizaco.
El tren que corría por el ancha vía
de pronto se fue a estrellar contra un aeroplano
que andaba en el llano volando sin descansar.
Quedo el maquinista con las tripas fuera
mirando pal aviador que ya sin cabeza
buscaba el sombrero para librarse del sol.
Todo esto nos sucedía sin saber como ni cuando
y la maquina seguía pita y pita y caminando.
sábado, 9 de junio de 2007
Fabula del suicida
FÁBULA DEL SUICIDA
Detrás de las mil dunas en aquel olvidado desierto, el escorpión dorado pedía auxilio a gritos desesperados; pero nadie entendía su extraño lenguaje, a veces metafórico y a veces hiriente, ya no había nadie junto a él, su suave veneno logró dejarlo solo, lloraba diminutas lágrimas cristalinas que humectaban la dura coraza alrededor de sus negros ojos. Agotado cayó en un trance nervioso.
La rabia y la soledad se mezclaron creando un luminoso carrusel de imágenes retrospectivas que desde su mente se materializaron formando un pequeño y amorfo bulto negro, que se deslizaba en el interior de su cuerpo mientras crecía paulatinamente. Cuando el bulto llegó a su vientre su tamaño había aumentado de manera extraordinaria, casi no cabía en su ser. El paso interno del intruso le causaba un dolor aberrante. Al borde del pánico pensó que moriría, fue entonces cuando su hocico se dilató y expulsó un extraño insecto negro que de inmediato estiró sus doce largas y espigadas patas. Fijó su mirada en los atónitos ojos de su progenitor, y después de un instante se alejó velozmente.
El confundido escorpión, ya más tranquilo, decidió utilizar esa extraña habilidad que él posee de ver y hablar con su interior. Preguntó sobre lo ocurrido a su corazón, que tenía el don de la sabiduría; este le habló informándole que había concebido una cría mitad venganza y mitad esquizofrenia. Un ser creado por su imaginación y encarnado por su odio, que mataría a todo ser que hubiera hecho daño a su progenitor en las líneas del pasado. El aureo escorpión rió a la manera de los insectos. Era cruel por naturaleza, así que busco a su cría hasta encontrarlo bajo el ardiente sol del mediodía, ahí observó el primer asesinato perpetuado por su monstruoso hijo. El turno fue de la pacífica tortuga; la sangre oscura del ajuste de cuentas la cautivó tanto que siguió a su engendro a través de las múltiples muertes, pasando por el cuervo, y hasta por la voraz serpiente. En cada muerte encontró una fascinación y una belleza inigualables, y reía y se llenaba de placer.
El escorpión, orgulloso y empapado de venganza, se retiró por la ardiente arena hasta su oscuro agujero, camino por el tenebroso túnel, al llegar a la cámara principal descubrió con gran asombro a ese monstruo negro artífice de su venganza. Al verlo creyó sentir un falso afecto hacia su sanguinaria cría; se acercó despacio, al tiempo que su hijo rotaba su espigado cuerpo, dejando ver un rostro claramente humanizado y en comunicación de alma a mente habló así:
- Has visto la muerte de cada uno de los seres que formaron tu nostálgica historia, ha venido de tu interior para aliviarte, pero aun falta dar muerte a tu principal enemigo.
El dorado escorpión expresó una ligera sonrisa pensando haber olvidado a algún antiguo enemigo. La cría se levantó en sus doce patas y dio un ágil salto para caer sobre el lustroso dorso del escorpión, este, asustado, intentó inyectar su poderoso veneno, sin darse cuenta que su arma había sido ya devorada, suplicó y lucho hasta el cansancio, pero su sabio corazón, que fue lo único respetado y guardado en las paredes de la inmortalidad, sabía que el escorpión era el único causante de infelices sucesos acumulados en su trágico paso por la vida.
Detrás de las mil dunas en aquel olvidado desierto, el escorpión dorado pedía auxilio a gritos desesperados; pero nadie entendía su extraño lenguaje, a veces metafórico y a veces hiriente, ya no había nadie junto a él, su suave veneno logró dejarlo solo, lloraba diminutas lágrimas cristalinas que humectaban la dura coraza alrededor de sus negros ojos. Agotado cayó en un trance nervioso.
La rabia y la soledad se mezclaron creando un luminoso carrusel de imágenes retrospectivas que desde su mente se materializaron formando un pequeño y amorfo bulto negro, que se deslizaba en el interior de su cuerpo mientras crecía paulatinamente. Cuando el bulto llegó a su vientre su tamaño había aumentado de manera extraordinaria, casi no cabía en su ser. El paso interno del intruso le causaba un dolor aberrante. Al borde del pánico pensó que moriría, fue entonces cuando su hocico se dilató y expulsó un extraño insecto negro que de inmediato estiró sus doce largas y espigadas patas. Fijó su mirada en los atónitos ojos de su progenitor, y después de un instante se alejó velozmente.
El confundido escorpión, ya más tranquilo, decidió utilizar esa extraña habilidad que él posee de ver y hablar con su interior. Preguntó sobre lo ocurrido a su corazón, que tenía el don de la sabiduría; este le habló informándole que había concebido una cría mitad venganza y mitad esquizofrenia. Un ser creado por su imaginación y encarnado por su odio, que mataría a todo ser que hubiera hecho daño a su progenitor en las líneas del pasado. El aureo escorpión rió a la manera de los insectos. Era cruel por naturaleza, así que busco a su cría hasta encontrarlo bajo el ardiente sol del mediodía, ahí observó el primer asesinato perpetuado por su monstruoso hijo. El turno fue de la pacífica tortuga; la sangre oscura del ajuste de cuentas la cautivó tanto que siguió a su engendro a través de las múltiples muertes, pasando por el cuervo, y hasta por la voraz serpiente. En cada muerte encontró una fascinación y una belleza inigualables, y reía y se llenaba de placer.
El escorpión, orgulloso y empapado de venganza, se retiró por la ardiente arena hasta su oscuro agujero, camino por el tenebroso túnel, al llegar a la cámara principal descubrió con gran asombro a ese monstruo negro artífice de su venganza. Al verlo creyó sentir un falso afecto hacia su sanguinaria cría; se acercó despacio, al tiempo que su hijo rotaba su espigado cuerpo, dejando ver un rostro claramente humanizado y en comunicación de alma a mente habló así:
- Has visto la muerte de cada uno de los seres que formaron tu nostálgica historia, ha venido de tu interior para aliviarte, pero aun falta dar muerte a tu principal enemigo.
El dorado escorpión expresó una ligera sonrisa pensando haber olvidado a algún antiguo enemigo. La cría se levantó en sus doce patas y dio un ágil salto para caer sobre el lustroso dorso del escorpión, este, asustado, intentó inyectar su poderoso veneno, sin darse cuenta que su arma había sido ya devorada, suplicó y lucho hasta el cansancio, pero su sabio corazón, que fue lo único respetado y guardado en las paredes de la inmortalidad, sabía que el escorpión era el único causante de infelices sucesos acumulados en su trágico paso por la vida.
lunes, 28 de mayo de 2007
lo que fuiste y seras
Lo que fuiste y serás
Fue que te conocí, o mas bien solo te vi de lejos, ajeno y distante, como el huérfano que no ha dado cuenta que sus padres pasan frente a él. Imaginar en aquel distante momento que eras para mi hubiera sido tan aventurado que la risa me habría invadido; sonrisas nerviosas, mariposa estomacal inquieta, sueños y fantasías, luego, de pronto, un día te acercas y contactas. Incandescencia inmediata de mi ser, pero calma, tu no eres mía, pero acaso podrías serlo de verdad. La duda surgió aquel día en que mis labios probaron suerte y embelesados se condenaron para siempre. Tristessa siempre tristessa, nudo de garganta y sueños rotos, que fácil resulta levantar una ilusión, debiéramos ser como niños o como Dios mismo, disfrutar destruyendo, agolparse en la indeferencia y la frialdad del individualismo, reír a carcajadas con la desgracia ajena, inmolar la lealtad; pero sigo aquí, triste, escribiendo estas líneas estériles, estériles por que nunca llegaran a su dueña, que es la mía, mía sin sentido de posesión, mía solo en palabra, y acaso en anhelo cansado.
Y soportar algo indigno y oculto; desempantanarse del miedo, salir a la luz. Pero la miseria permanece y se acrecienta, miseria del alma que no encontrará sosiego en los retorcidos recuerdos guardados a la fuerza. Y la búsqueda, que se cree consumada cuando sólo es el inicio, saberse perdido y olvidado desde el momento mismo del nacimiento, nacimiento de cualquier cosa, el inicio, cuantas veces el inicio fue el fin, como la vida misma, en una carrera de tiempo contado que habrá de consumarse, sin remedio por que el círculo es eterno y cuando acabas en verdad empiezas a la nada, al juego absurdo que nos han enseñado a practicar sin reglas, o por lo menos con reglas anárquicas que quien no respeta se acerca mas a la felicidad; apariencias, meras apariencias, espejismos de vida.
Quien fuera frase soltada al viento con una misión de muerte, una amenaza, peligrosa, filosa, capaz de herir al más fuerte, al más seguro; arma humana, como lo fuiste tú, como en la naturaleza la belleza es el peligro, como tú hiciste contigo misma, como yo hice en tiempos remotos; el trampolín que me expulsó a este averno de remordimientos, oscuridad y angustia. Nunca volveremos a ser lo de antes y eso es lo terrible, alejándonos al momento de unirnos, y que yo supiera curar mis heridas, mi mente, mi cuerpo dolorosamente humano, que yo pudiera curarte también a ti, del mal del mundo: la mentira; de mis miedos, que pudiera curarnos a ambos en este camino polvoriento y cansado; pero anhelar es cuestión fantasiosa, nada, escúchalo bien, nada puede cumplirse como se planeó, todo tiene una vida propia, indomable, sobre todo la lealtad, el miedo y el amor.
Y sin embargo considero haber llegado al final, por lo menos al mío, no queda nada ya, solo tú que escapaste de repente, que escurriste tu cuerpo por mi mente hasta perderte para siempre. Quizá ese era realmente tu deseo, ejemplo de la deslealtad del mundo, haber creído en algo que no era, el juego infinito, la apertura de las puertas por mas doloroso que pueda ser, y sin embargo seguir fingiendo, por que no es posible estar triste de algo que no existió, que sólo en recuerdo vive y vivirá. Y al final el recuerdo se irá, te lo aseguró, recorrerá el camino doloroso y partirá, no como tú que lo hiciste mucho antes. Acabarse las palabras sólo en la mente. Al final no serás nada.
Fue que te conocí, o mas bien solo te vi de lejos, ajeno y distante, como el huérfano que no ha dado cuenta que sus padres pasan frente a él. Imaginar en aquel distante momento que eras para mi hubiera sido tan aventurado que la risa me habría invadido; sonrisas nerviosas, mariposa estomacal inquieta, sueños y fantasías, luego, de pronto, un día te acercas y contactas. Incandescencia inmediata de mi ser, pero calma, tu no eres mía, pero acaso podrías serlo de verdad. La duda surgió aquel día en que mis labios probaron suerte y embelesados se condenaron para siempre. Tristessa siempre tristessa, nudo de garganta y sueños rotos, que fácil resulta levantar una ilusión, debiéramos ser como niños o como Dios mismo, disfrutar destruyendo, agolparse en la indeferencia y la frialdad del individualismo, reír a carcajadas con la desgracia ajena, inmolar la lealtad; pero sigo aquí, triste, escribiendo estas líneas estériles, estériles por que nunca llegaran a su dueña, que es la mía, mía sin sentido de posesión, mía solo en palabra, y acaso en anhelo cansado.
Y soportar algo indigno y oculto; desempantanarse del miedo, salir a la luz. Pero la miseria permanece y se acrecienta, miseria del alma que no encontrará sosiego en los retorcidos recuerdos guardados a la fuerza. Y la búsqueda, que se cree consumada cuando sólo es el inicio, saberse perdido y olvidado desde el momento mismo del nacimiento, nacimiento de cualquier cosa, el inicio, cuantas veces el inicio fue el fin, como la vida misma, en una carrera de tiempo contado que habrá de consumarse, sin remedio por que el círculo es eterno y cuando acabas en verdad empiezas a la nada, al juego absurdo que nos han enseñado a practicar sin reglas, o por lo menos con reglas anárquicas que quien no respeta se acerca mas a la felicidad; apariencias, meras apariencias, espejismos de vida.
Quien fuera frase soltada al viento con una misión de muerte, una amenaza, peligrosa, filosa, capaz de herir al más fuerte, al más seguro; arma humana, como lo fuiste tú, como en la naturaleza la belleza es el peligro, como tú hiciste contigo misma, como yo hice en tiempos remotos; el trampolín que me expulsó a este averno de remordimientos, oscuridad y angustia. Nunca volveremos a ser lo de antes y eso es lo terrible, alejándonos al momento de unirnos, y que yo supiera curar mis heridas, mi mente, mi cuerpo dolorosamente humano, que yo pudiera curarte también a ti, del mal del mundo: la mentira; de mis miedos, que pudiera curarnos a ambos en este camino polvoriento y cansado; pero anhelar es cuestión fantasiosa, nada, escúchalo bien, nada puede cumplirse como se planeó, todo tiene una vida propia, indomable, sobre todo la lealtad, el miedo y el amor.
Y sin embargo considero haber llegado al final, por lo menos al mío, no queda nada ya, solo tú que escapaste de repente, que escurriste tu cuerpo por mi mente hasta perderte para siempre. Quizá ese era realmente tu deseo, ejemplo de la deslealtad del mundo, haber creído en algo que no era, el juego infinito, la apertura de las puertas por mas doloroso que pueda ser, y sin embargo seguir fingiendo, por que no es posible estar triste de algo que no existió, que sólo en recuerdo vive y vivirá. Y al final el recuerdo se irá, te lo aseguró, recorrerá el camino doloroso y partirá, no como tú que lo hiciste mucho antes. Acabarse las palabras sólo en la mente. Al final no serás nada.
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